De aquel hall de un viejo hotel de San Cristóbal de La Laguna, en Tenerife, no salían y entraban muchas personas al día. Nadie escribirá sobre ello, pero dos personas son testigos del goteo de huéspedes de ese miércoles. Una indescriptible fuerza los retiene postrados en las sillas de la entrada del establecimiento. Se han conocido en el desayuno y estarán allí hasta la medianoche, sin poder subir a sus aposentos ni atravesar la puerta hacia el exterior. Björk acaricia a Vicente, un gato. André Breton hace lo propio con un rinoceronte del que se desconoce su nombre.

Björk: (acaricia al gato Vicente) Me pregunto si la cara oscura de la luna es el mejor sitio para bailar. No nos vería nadie. ¿Quién nos afirma que allí no hay flamencos o ballenas errantes danzando?
André Breton: (con una mano cogiendo el cuerno mayor del rinoceronte) Del griego rhinós, nariz, y cerós, cuerno. Esos flamencos y ballenas son poetas del cosmos, danzan para despertar a las estrellas que aún duermen en el ojo del tiempo.
(Se produce un largo silencio. Suena Antonio Orozco en el hilo musical del hotel)
B: Y cuando las estrellas despiertan, los planetas comienzan a tocar música junto a las colas de los cometas. Las estrellas en esta isla son más estrellas. Apenas duermen para que las veamos.
AB: (entusiasmado) ¡Ah, la belleza de lo inesperado! ¿Ha subido ya usted al pico del Teide y atravesado su mar de nubes? Allí surgen los agujeros de gusano que conectan las estaciones de tren con nuestros sueños más vívidos.

B: (se acerca a Vicente como si le estuviera contando un secreto) Los agujeros de gusano son como túneles de nebulosa que susurran cuentos de hadas a quien los atraviesa.
AB: (suelta el cuerno y eleva su índice al cielo) ¡Tenerife es la isla surrealista! Relojes de arena que flotan en el océano que forman las nubes del Teide como si fueran la leche materna de la Vía Láctea.
(Se produce otro largo silencio. Suena Malú en el hilo musical del hotel)
B: (cierra los ojos y balancea su cabeza de lado a lado, como si estuviera escuchando una de sus canciones) Veo a esos relojes de arena como medusas de tiempo que se zambullen en las olas de la eternidad. El océano de leche materna es el caldo cósmico en el que las estrellas hacen polvo de gofio con el caminar de los vientos alisios. ¿No es maravilloso?
AB: (vuelve a elevar su índice) Lo maravilloso es siempre bello, todo lo maravilloso es bello, de hecho, sólo lo maravilloso es bello.
B: En Islandia todo gira en torno a la naturaleza las 25 horas del día. Terremotos, tormentas de nieve, lluvias, hielo, erupciones volcánicas, géiseres… ¿Sentirán lo mismo los canarios?
AB: (le pone una correa al rinoceronte, que hasta entonces andaba suelto) También tienen erupciones volcánicas. Y calima. Y los vientos alisios que usted mismo ha nombrado. Y sol. Y laurisilva. Y dunas. Y barrancos y montañas.
B: No te falta razón.
AB: Por encima de sentir y de la razón está la imaginación y la gente de esta isla vive en un territorio hecho para imaginar. Ir más allá de lo material es exclusivo de los seres humanos. Las personas que no pueden visualizar un caballo al galope sobre un tomate son unas idiotas.
(Se produce un largo silencio más. Suena Luis Fonsi en el hilo musical del hotel)
B: (Vicente se da la vuelta y le acaricia la barriga) Cantar es como celebrar el oxígeno. ¿Te gusta cantar?
AB: Cantar es una rebelión contra la lógica, una danza frenética de sonidos desconocidos. ¿De dónde salen? Es como esos pájaros que conocen su subconsciente y deciden rebelarse contra la gravedad y comienzan a cantar en colores. ¿Ha navegado usted también por su subconsciente?
B: (se levanta y hace una reverencia. Vicente salta encima del lomo del rinoceronte) Cantar es un viaje. Las historias y las emociones fluyen como ríos y las fronteras entre la realidad y la fantasía se desdibujan.

AB: (también se levanta) Entiendo. Siga, por favor.
B: Cuando canto, el tiempo y el espacio se confunden y me transportan a un jardín secreto de percepciones. ¿Cuándo es hoy? No importa; he estado en este hotel en muchos momentos durante cien años y permanece igual. Solo cambia la gente que se sienta aquí conmigo.
AB: ¡Se lo dije! ¡Tenerife es la isla surrealista! (el rinoceronte parece alegrarse moviendo la cabeza)
B: No sé si esta isla es surrealista o que yo sola he creado una nueva dimensión donde habitar de tanto explorar mi mundo interior a través de la música. Y eso que empecé haciendo post-punk. Definitivamente, se me ha ido de las manos.
AB: No he oído hablar de ello, ¿es una nueva vanguardia? Cada semana sale alguien reivindicando una visión artística como la manera definitiva de entender el mundo.
B: Pues qué envidia tengo. A mí todo me suena igual.
AB: Yo envidia no tengo, pero sí hambre. En algún momento debo llevar a mi rinoceronte a dar un paseo por la nebulosa de los sueños perdidos, pero me da que no vamos a salir de aquí en un tiempo.
B: Pues con suerte estamos en mi tiempo o cerquita y podemos pedir algo a domicilio. ¿Te sabes la dirección de este lugar?
(Björk saca el teléfono móvil. Largo silencio. Vicente se acurruca. Suena Pablo López en el hilo musical del hotel)
Björk y André Breton son protagonistas de dos de los capítulos que tiene Aislados, un libro que propone un viaje por 30 historias conectadas por la insularidad, la naturaleza, la alegría de vivir, los colores, la cultura, el arte y, sobre todo, las personas. Un caleidoscopio en el que conviven verdad y ficción con las islas Canarias como escenario excepcional.


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