Existen varias teorías sobre el origen del famoso cántico de ánimo que precede, o precedía, a muchos partidos de fútbol en Canarias, pero hay una línea de investigación que ha ganado mucho peso con los años: fueron los ingleses. Otra vez. Una conclusión que se repite muy a menudo en un territorio, el canario, en el que los británicos fueron clave para que su sociedad evolucionara y abriera al mundo.

A principios de siglo XX, Las Palmas de Gran Canaria podía presumir de ser el único puerto donde los visitantes podían encontrar clubes de golf, cricket, tenis y fútbol. No mencionamos ni croquet ni póker, que también. Todos deportes, o juegos, a los que los ingleses eran grandes aficionados e implantaron en la ciudad isleña como manera de sentirse un poco más en casa en este territorio de ultramar.
Durante aquellos lustros, se disputaban partidos de forma espontánea durante los fines de semana en los terrenos de los barrios capitalinos de Arenales, Ciudad Jardín, Puerto o Guanarteme. En ellos se mezclaban ingleses y grancanarios…o se enfrentaban. Los británicos utilizaban cánticos de ánimo para motivar a sus paisanos. El que nos ocupa se cantaba justo antes de que comenzaran las contiendas:
Reach in rank (alcancemos el honor)
Shine on back, Shine on bank (brillando las espaldas)
¡Hurrah, hurrah, hurrah!
Según el historiador Javier Domínguez, aquel cántico fue adoptado por la hinchada local por la vía de la familiaridad del sonido, dando lugar al riqui-raca que ha llegado, aunque ya con la fuerza justita, hasta nuestros días:
Riqui, raca
Sin bon baca, sin bon bá
Hurrá, hurrá, hurrá




El grito se extendió por el resto de islas, siendo muy famoso en los campos de Tenerife, tal como recogen los diarios de la época. Se podría decir que, en la isla picuda, el cántico alcanzó sus cotas máximas de popularidad. Allí pasó a referenciarse tanto en el himno del CD Tenerife que Los Huaracheros firmaron en 1960 como en el de Benito Cabrera para celebrar el centenario del club, en 2022.
«Aquel riqui-raca fue algo así como un breve presagio del furor con que el equipo representado por aquellos entusiastas lucharía para adueñarse del regio trofeo en litigio».
El Progreso, 2 de mayo de 1929.
De vuelta a sus orígenes en Las Palmas, el riqui-raca fue utilizado por los seguidores del Marino y luego por los del Victoria. Con la unión de los cinco clubes más importantes de Gran Canaria para formar la Unión Deportiva Las Palmas –Marino Club de Fútbol, Real Club Victoria, Arenas Club, Club Deportivo Gran Canaria y Atlético Club– el cántico evolucionó hasta el que hoy todos los aficionados conocen:
Riqui, raca
Sin bon baca, sin bon bá
¡Hurrá, hurrá, hurrá!
¡Las Palmas, Las Palmas!
¡Y nadie más!
En los años sesenta, recuerda Javier Domínguez, que «el seguidor amarillo Manolo «el Pipi«, con su cornetín de campaña, hizo sonar los ecos del ancestral cántico en el Estadio Insular. Y en los ochenta fue Fernando «el Bandera» quien continuó con la tradición desde la grada de naciente del viejo Estadio Insular».
Desde que los ingleses se instalaron a finales del siglo anterior, los ingleses habían introducido en la vida de los canarios el teléfono, los primeros bancos, el primer suministro de agua por tubería, la carne congelada, las primeras sociedades de protección animal y hasta el pan de sándwich. Y el riqui-raca.
Del riqui-raca y la influencia inglesa en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria se ocupa Aislados en uno de sus capítulos, un libro que propone un viaje por 30 historias conectadas por la insularidad, la naturaleza, la alegría de vivir, los colores, la cultura, el arte y, sobre todo, las personas. Un caleidoscopio en el que conviven verdad y ficción con las islas Canarias como escenario excepcional.


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