Alexander von Humboldt dedicó su tiempo y fortuna al progreso del conocimiento científico. Antes de emprender el viaje a América que cambiaría los estudios naturalistas para siempre, hizo una escala de solo seis días en la isla de Tenerife, pero fueron muy fructíferos. Incluso tuvo tiempo de ascender al Teide, algo que en ese momento pocas personas habían hecho. Era 1799. El cambio de siglo asomaba y Tenerife era muy diferente.


El siglo XVIII, también conocido como Siglo de las Luces, estuvo marcado por el desarrollo de la cartografía en toda Europa. Un desarrollo paralelo al ritmo con el que las potencias europeas precisaban desarrollar una cartografía topográfica exacta y de calidad de sus territorios con fines militares, políticos y fiscales. Tomás López fue el primer gran cartógrafo español y, a lo largo de su carrera, elaboró más de doscientos mapas cubriendo todo el territorio nacional y zonas de América. Este mapa que hizo de Tenerife era la referencia absoluta cuando Alexander von Humboldt desembarcó en Tenerife. Tomás López tenía el curioso título de Geógrafo de los Dominios de S.M., de las Reales Academias de la Historia, de San Fernando, de la de Buenas Letras de Sevilla y de la Sociedad Bascongada de Amigos del País.


La estancia canaria se caracterizó por sus aportaciones botánicas, especialmente a la geografía de las plantas. Humboldt representaría la Geografía de las plantas aplicada al Teide en un dibujo publicado en el atlas del viaje como Tableau physique des Iles Canaries. Géographie des Plantes du Pic de Tenerife, fundado además en las observaciones de Leopold von Buch y Christian Smith. A Humboldt le llamó la atención la cantidad de especies que eran diferentes a todo lo que él conocía, especialmente en la flora de alta montaña. La margarita del Teide, Argyranthemum tenerifae, la violeta del Teide, Viola cheiranthifolia, o el imponente tajinaste rojo, Echium wildpretii, forman parte de un paisaje único que marcó las anotaciones y los pensamientos del explorador.
«Corríamos como locos de aquí para allá, sin poder hacer claras observaciones porque al coger algún ejemplar raro lo dejábamos cuando veíamos que a su lado había otro todavía más curioso«

El Teide, el primer volcán
En su breve visita, Alexander von Humboldt realizó interesantes observaciones sobre la geología de las islas. El Teide fue el primer volcán activo que Humboldt visitó en toda su vida. Ascendió a su cráter donde, además, realizó experimentos para el análisis del aire. Poco o nada de lo que vio, y cuidadosamente anotó, apoyaba las tesis acuáticas de su maestro Werner. La semilla de la duda, razonable ante todas aquellas evidencias que tenía delante de sus ojos, se instaló en la mente del naturalista durante aquella subida. Más tarde llegarían muchos otros volcanes en América que le obligaron a abandonar las tesis que había estudiado. La noticia se extendió rápidamente por los ámbitos académicos europeos y los estudios de Humboldt contaban ya con una legión de adeptos, entre los que se incluía el propio Charles Darwin.

Plano de Puerto de Santa Cruz de Tenerife unos años antes de la célebre visita. El documento pertenece a los diarios del viaje de José Varela y Ulloa por la costa de África y las islas Canarias. Varela y Ulloa fue un marinero y cartógrafo gallego que tuvo un papel importante en el establecimiento de las nuevas posesiones españolas en el golfo de Guinea y Uruguay.

Cuando Humboldt llegó a Tenerife, La Laguna, que era el principal núcleo demográfico de la isla, comenzaba una etapa de profunda crisis que ya no abandonó durante todo el siglo XIX. Aunque realizó notables esfuerzos de modernización, la ciudad de Santa Cruz afrontó un proceso de imparable desarrollo que concentró no solo el poder económico sino el político, convirtiéndose en 1833 en la capital de la entonces provincia única de Canarias.

Humboldt había partido del puerto de A Coruña a bordo de la corbeta Pizarro. Era el 5 de junio de 1799 y el alemán de 30 años sufragaba con todos los gastos. En la expedición le acompañaba el naturalista Aimé Bonpland. La dotación de medios era muy importante pues incorporaba hasta cuarenta y tres instrumentos de medida y observación, como microscopios, telescopios, termómetros, barómetros, brújulas, etc. Sería un viaje de cinco años por el continente americano, con escala en Canarias, con el único propósito de servir a la ciencia, recopilando «conocimiento útil».

Bory de Saint-Vincent tomó parte de una expedición científica organizada por el gobierno francés que se produjo un año después de que la de Humboldt zarpara, la expedición Baudin (1800-04). El autor lo consigue gracias a que su padre tenía una plaza de zoólogo jefe a bordo de una de las corbetas participantes. Con las anotaciones de aquel viaje, publicó este mapa de todo el archipiélago años después.

En América, Humboldt y Bonpland exploraron Venezuela y, recorriendo el curso del Orinoco, descubrieron su conexión con el Amazonas. Allí se dedicaron a estudiar la vida animal y vegetal. Posteriormente ascendieron el Chimborazo hasta una altitud nunca alcanzada. En Perú observaron el tránsito de Mercurio, investigó la gran corriente marina y estudió el vulcanismo andino. A su regreso a París, Humboldt reunió todo el material fruto de sus investigaciones para la publicación de su obra «Viaje a las regiones equinocciales», redactada en francés con la colaboración de Bonpland y del botánico Kunth, que recogió las observaciones y descubrimientos de esta expedición. En el libro hay dos dos capítulos que tratan la estancia en Tenerife.


Alexander von Humboldt es uno de las protagonistas de un capítulo de Aislados, un libro que propone un viaje por 30 historias conectadas por la insularidad, la naturaleza, la alegría de vivir, los colores, la cultura, el arte y, sobre todo, las personas. Un caleidoscopio en el que conviven verdad y ficción con las islas Canarias como escenario excepcional.


Deja un comentario