Encuentros cercanos del tercer tipo en Tindaya

Estábamos en Fuerteventura durante el mes de julio y no queríamos ir a cualquiera de sus playas de postal, pero no sabíamos muy bien por qué. No estábamos de mal humor, pero sí un poco mustios. Lo achacábamos al calor porque era la excusa más sencilla. Un deseo irracional nos empujaba a buscar elevaciones que quebraran la planicie de los 100 kms que hay de punta a punta de la isla. ¿Qué nos movía? Quizás era despertarnos del letargo cautivador de la arena blanca y el mar cristalino, la búsqueda de una nueva experiencia o de respuestas a una isla que muestra tan poco, que parece que se reserva mucho para ella. Salir de Matrix. O también es posible que seres de otro tiempo, pero mismo lugar, nos empujaran a un punto al que todo el mundo que haya conectado con la esencia de Fuerteventura acaba llegando.

Desde que dejamos atrás el pueblo de La Oliva y nos dejamos engullir por la inmensa belleza del vacío, la Montaña de Tindaya ya se había convertido en un símbolo de transcendencia en nuestras mentes . Todavía no la divisábamos, pero su magnetismo era evidente. Seguíamos mustios y en la radio sonaba con mucho ruido el locutor de una emisora local que se preguntaba cuál era el nombre de la protagonista de Pretty Woman. Sentíamos una inexplicable atracción hacia un lugar muy diferente al resto de la isla: una montaña. Una llamada misteriosa y unificadora que nos impulsaba a lo desconocido en nuestras vacaciones de sol y playa. Ambos la sentíamos, pero no lo hablábamos.

El camino pedregoso hacia Tindaya no invita a aventurarse con el coche, pero el magnetismo del que hablaba era ya una fuerza inevitable. Dejamos la languidez dentro del coche y enseguida pisamos tierra para recuperar toda la energía que no habíamos tenido desde que nos habíamos despertado, unas cuatro horas antes. Más de una semana de sol alela. Éramos testigos de un espacio aislado, misterioso, que bien podría ser una especie de puente entre dos mundos: el terrenal y el cósmico.

Yo le había avanzado a Cris el carácter sagrado de la montaña, pero no tenía mucha idea, para decir verdad. Sabía que ahí sucedían, o sucedieron, muchas historias, leyendas, y que en algún lado existían unas huellas de pies famosas, pero hasta ahí. Todo muy vago. Nuestra pequeñísima esperanza de un encuentro directo con seres extraterrestres se limitó a cabras, burros y caballos. Seres que definitivamente no eran de este planeta porque adaptarse así de bien a una tierra tan seca y agreste no puede ser de este mundo.

Tindaya fue para nosotros frontera y conexión. A medida que nos fuimos acercando, primero a media distancia, luego un poco más cerca, con los animales, y después ya en sus faldas, lo desconocido y lo conocido fueron convergiendo. El misterio de Tindaya seguía siendo lo desconocido, pero fue la clave para que se liberara todo lo conocido entre Cris y yo. Un carrete digital de fotos y vídeos haciendo el canelo, carreras, cariños, juegos y una hora fuera del coche siendo observados en absoluta soledad por la montaña. En nuestro viaje a Fuerteventura, Tindaya ejerció como metáfora intrigante y simbólica. Un elemento visual y narrativo en mitad de aquella semana para representar la la necesidad de dos personas de reconectar con la alegría del presente a través de lo desconocido.

Si no te has enterado de nada de lo que has leído hasta aquí, te recomendamos una película que vino a decir que se podía hacer ciencia ficción de manera distinta: «Encuentros en la tercera fase» (1977), de Steven Spielberg. O como se llamó en Hispanoamérica, «Encuentros cercanos del tercer tipo», un título mucho más cercano al de la versión original.

Acostados de vuelta en el apartamento, leímos que había 244 grabados podomorfos en la montaña. Las famosas huellas. También que la mayoría de los investigadores admitían su relación con el mundo mágico-religioso de la cultura aborigen, aunque con diversas interpretaciones: impartir justicia, forma de posesión de un territorio, celebración de rituales de carácter mágico y astronómico, etc. La Montaña Mágica de Tindaya no será mágica, pero para nosotros sí que fue cercana del tercer tipo, sea lo que sea eso.

✍🏼 Eduardo Santana

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